Responsables de Nuestro Destino

Responsables de Nuestro Destino


Como si de una pequeña maquinaria de reloj se tratase, todos nuestros anhelos, deseos, necesidades y sueños se entrecruzan en un solo punto.

Pero, es muy difícil que ese engranaje funcione, dado que cada una de esas piezas de nuestra “maquinaria” suele tener un tamaño inadecuado.

Quizá la pieza espiritual es demasiado pequeña, la de las responsabilidades laborales demasiado grande o simplemente el polvo del cansancio o la desatención propia de la inmadurez hacen que nuestro motor no funcione correctamente.

Para saber cuál es el tamaño de cada una de estas piezas sólo tenemos que ser sinceros y observarnos, en el fondo, todos sabemos en qué lugar ubicar cada una de nuestras características y que importancia necesitamos que tengan para que la proporción sea la adecuada.

Si miramos con atención, dentro de esta composición de búsqueda de felicidad o realización personal, en realidad ninguno de nosotros necesitamos ser abrumadoramente millonarios, tener un gran capital acumulado o ser los dueños de una enorme compañía reconocida mundialmente. Puede darse el caso, pero no es el de la mayoría de los mortales, y en esa asunción de tu propio rol, en esa búsqueda de la realización profesional encajada con la personal, está el camino.

Y aun así seguimos empujando en esa dirección, sabiendo que no nos dirige a nada.

 

Hasta aquí nada nuevo probablemente, muchas personas opinamos así aunque la mayor parte de nosotros desde luego no lleguemos a completar este círculo virtuoso.

 

Y ahora, vamos a pensar en un nivel superior.

No como personas sino como empresas, como sociedad productiva y de consumo.

Sabemos lo que debemos hacer, pero no lo hacemos porque “ya sabes cómo son las cosas aquí” o con argumentos del tipo “todo eso es muy bonito pero la realidad es otra”.

La realidad es nuestra, es la que hemos creado la comunidad humana, con tremendos errores y profundas injusticias, maravillosos avances y gestos que iluminan.

Es hora de madurar como tejido empresarial y ser responsables de lo que hacemos, y no sólo a través de la manida (y necesaria) RSC, sino hasta apostar por sistemas de validación realmente justos y universales.

 

En un planeta inmerso en una dinámica económica imposible, tendiente a repetir de forma constante los mismos dolores, de seguir cerrando los ojos a ciertas evidencias, todos sabemos que esto llega a su fin.

El sistema está en colapso, se impone un nuevo paradigma, y va a estallar en nuestras manos, de nosotros depende nuestra propia supervivencia como especie, desde términos fisiológicos hasta términos sociológicos e incluso espirituales.

El camino es hacer el bien, llenar de contenido las palabras y marcos que ya hemos creado: ecología, igualdad de género, “compliance”, gestión y promoción del talento, igualdad de oportunidades….

Esto ya está en todos los programas políticos.

Salvo en casos alarmantemente reaccionarios, todos partimos de la misma base independientemente del color del partido, al que por cierto, casi la mitad de la población ya ni se molesta en ir a votar.

Nuestro nuevo ciclo en ciernes exige madurez y armonía: nunca hubo una humanidad tan preparada, una tecnología a nuestro servicio tan avanzada ni una conexión mundial tan potente.

Y qué mejor herramienta de transición que el blockchain, con todo lo que implica y tal como avala cada paso humano: Cadenas de personas neutras sin intereses certifican a otras de manera profesional en cualquier área.

El “dinero” ya está derribando las presas de control de las antiguas naciones, de los antiguos grupos de poder y de las viejas cloacas herederas del colonialismo.

Ha llegado la era de la transparencia y la sinceridad, y aquí como pedagogo, puedo opinar que la formación tal y como se ha universalizado y capilarizado también viene a rescatarnos.

Estamos muy cerca de la igualdad de oportunidades universal, no nos resistamos a ella, generemos valor real unos a otros y la recompensa será inimaginable.

Ética, diversión, felicidad, profesionalidad, transparencia, generosidad… todos sabemos el camino.

No recuerdo dónde, una vez escuché una parábola en la que un hijo preguntaba a un padre si había personas buenas y malas, y la respuesta era abrumadora:

“Las personas malas son aquellas que hacen lo que hacen a sabiendas de que está mal, las buenas las que saben decir NO a aquello que saben que deben decir NO”

De verdad pienso que si todos fuéramos coherentes con este simple concepto, lo demás vendrá solo.

Nuevo ciclo…. Nos toca madurar hacia la felicidad y la generosidad, y ese pequeño motor, esa maquinaria se pondrá en marcha en cada uno de nosotros.

 

Francisco López

Senior HR Consultor

Viceperesidente Ejecutivo en Virensis SA.