El Blockchain en la Historia

El Blockchain en la Historia


El orden mundial está basado en un complejísimo entramado, heredero de la geopolítica histórica y con cientos de garantes actuales movidos por distintos intereses.

 

No voy a entrar a hablar de si estos intereses suelen ser más o menos lícitos, habrá distintas motivaciones para cada ocasión, siempre complejo y extraño a ojos del recién llegado y resignado y con tremendas inercias para el conocedor de cada “caso” con lo cual eso lo hace muy difícil de manejar.

 

De lo que sí quiero hablar es de confianza y de democracia.

Porque en eso consiste el blockhain como sistema: sencillamente democracia absoluta y confianza entre las personas.

 

Una buena definición de blockhain es:

“Técnicamente es una tecnología basada en una cadena de bloques con una base de datos pública y distribuida en la que se registran de forma segura las transacciones que se van realizando en la red. Los datos son verificables y no se pueden manipular.”

Es decir, bloques combinados inviolables de información, no manipulables y públicos, en tanto en cuanto encierren una “verdad” quedará grabada de forma inevitable.

Pongamos un ejemplo:

Un país Africano, que no confía en occidente, y que no recibe la confianza de occidente, pone en marcha un proceso transparente de licitación para industria extractiva en su país (por ejemplo EITI)

Consigue demostrar que cumple con los criterios necesarios en un bloque de Derechos Humanos, genera otro bloque sobre transparencia económica y otro más sobre respeto medioambiental.

Estos bloques son validados por Naciones Unidas y del mismo modo por la comisión de EITI situada en Oslo.

Si esto ocurre, esa cadena queda grabada y es verificable y pública y genera esa confianza recíproca que antes no existía.

Y eso lleva a menos intereses económicos viciados si los hubiera, facilita la explotación común de recursos, y arroja luz sobre la realidad económica, social y laboral de ese país.

Esto a su vez evita la sobreexplotación de los recursos del país en cuestión y garantiza procesos de ajuste económico al mercado, respeto al medio ambiente, etc.

 

 

Este ejemplo me hace reflexionar sobre la historia, llevándome a los ciclos de épocas oscuras y luminosas, o al menos así nos lo han enseñado.

Siendo muy burdo y centrado en la cultura occidental, podemos hablar de una primera etapa oscura en los albores de la humanidad, seguida por la luminosa época clásica de imperios como el Romano.

Tras esto, otra etapa oscura, la luz de la primera revolución industrial, otra época extraña de colonización y después la ilustración, el renacimiento….

 

En estos ciclos de supuesta luz y oscuridad, intentando verlo con perspectiva, enmarco el blockchain como la próxima etapa de luz.

A nivel de grandes Derechos Humanos, cada uno de esos pasos han supuesto una mejora, pero hay pendiente un asunto de hace tiempo: la validación de procesos por agentes externos al propio proceso.

Ya existe esta idea de forma clara desde intentos como el de Montesquieu, que en el ecuador del siglo XVIII avaló la división de poderes como elemento de justicia y garante de la democracia real.

 

Y aquí llegamos al blockchain de las pelucas blancas, si me permitís la broma, un sistema que al fin garantiza no sólo la división de poderes, sino también la globalización y la incorruptibilidad de cada uno de ellos.

Una vez que ciertos procesos comiencen ser garantizados, defendidos y avalados por el blockchain se podrá ganar la confianza que falta para la gestión de procesos entre los organismos nacionales y supranacionales.

Este puede ser el momento de un giro copernicano en la forma de entender la validación de procesos.

Merece la pena probar.

 

Francisco J. López

Vicepresidente Virensis SA.